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ALBERT KING

Antes de que el mundo entero supiera quién era, Albert tuvo una vida de lo más normal, o mejor dicho, de lo más sufrida. No fue un niño prodigio que saltó a la fama a los quince años. Pasó mucho tiempo moviéndose de Arkansas a Gary, Indiana, y luego a St. Louis, trabajando en lo que saliera: conduciendo camiones, haciendo trabajos de fuerza bruta en granjas... una vida de currante de los de antes. Y eso, aunque parezca que no tiene que ver con la música, se nota en su voz y en su toque. Cuando Albert King canta sobre la mala suerte o sobre el cansancio, te lo crees, porque el tipo estuvo ahí. No era un artista de laboratorio inventándose penas para vender discos; era un hombre que hablaba de lo que conocía.

Sus primeras grabaciones en los años 50 con el sello Parrot no fueron un éxito inmediato. Le costó arrancar. El negocio del blues era una selva y Albert era un tipo imponente, de voz grave y carácter serio, que no siempre encajaba en las modas del momento. Tuvo que ir picando piedra en clubes pequeños, ganándose el respeto de la gente noche tras noche. El primer aviso serio de que algo grande estaba pasando llegó en 1961 con Don’t Throw Your Love on Me So Strong. Ahí la gente empezó a notar que ese hombre no solo tocaba la guitarra como un trueno, sino que su voz tenía una profundidad y una vulnerabilidad que contrastaba de forma increíble con su físico de gigante.

Pero, si tenemos que marcar un punto de inflexión total, ese es su fichaje por Stax Records en Memphis a mediados de los 60. Aquí es donde la magia ocurre de verdad. Stax era la casa del soul, el sitio donde grababan Otis Redding y Sam & Dave, con una banda residente que era una auténtica apisonadora rítmica: Booker T. & the M.G.'s. Cuando juntaron a Albert King con esos músicos, el resultado fue explosivo. No era el blues rancio de siempre; era algo moderno, con un "groove" que te hacía mover los pies pero que mantenía toda la mugre y el sentimiento del blues tradicional.

De esa unión nació Born Under a Bad Sign en 1967. Si solo vas a escuchar un disco de Albert King, tiene que ser este. Es una obra maestra absoluta. El tema que da título al disco es, probablemente, una de las canciones más icónicas de la historia del blues. Con ese riff de bajo tan marcado y la voz de Albert diciendo que si no fuera por la mala suerte no tendría suerte ninguna, se convirtió en un himno instantáneo. Lo increíble de esa canción, y del disco en general, es la economía de notas de Albert. No necesitaba tocar mil notas por segundo para impresionarte. Sabía exactamente cuándo meter un latigazo con la guitarra y cuándo dejar que la banda respirara. Esa moderación es la lección más grande que dejó a los guitarristas que vinieron después: menos es más, siempre que ese "menos" tenga el peso de un planeta.

El disco estaba lleno de joyas como Crosscut Saw, que tenía un aire casi latino en el ritmo, o Laundromat Blues. Pero para los músicos, Personal Manager y Oh, Pretty Woman fueron como clases magistrales. Los guitarristas de rock de la época, especialmente los chicos blancos de Inglaterra y Estados Unidos que estaban descubriendo el blues, se quedaron locos con Albert. Tipos como Eric Clapton, Jimi Hendrix o Mike Bloomfield empezaron a estudiar sus frases como si fueran textos sagrados. Albert King se convirtió en el puente perfecto entre el blues más puro y el rock psicodélico y pesado que estaba naciendo. De repente, el viejo Albert estaba tocando en sitios como el Fillmore West ante un público de hippies y rockeros que alucinaban con su potencia.


Don't Throw Your Love On Me So Strong
Single (1961)

En directo, la cosa era todavía más impresionante. Hay un disco llamado Live Wire/Blues Power de 1968 que captura perfectamente esa energía. Ahí puedes escuchar a Albert dominando el escenario, haciendo que la guitarra rugiera en una sala enorme. Su concepto de "Blues Power" no era una frase vacía; era una realidad física. El tipo llenaba el espacio con su presencia y su sonido. Podía ser un líder de banda durísimo y exigente, con un humor seco que a veces intimidaba a los que trabajaban con él, pero cuando empezaba a tocar, todo eso se traducía en una intensidad emocional brutal.

Durante los años 70, mientras muchos otros artistas de su generación se quedaban estancados en el pasado, Albert supo adaptarse. En Stax grabó cosas curiosas, como un tributo a Elvis Presley que, aunque suena raro sobre el papel, tiene su punto porque Albert le pone su sello a todo lo que toca. Pero su gran éxito de esa década fue I’ll Play the Blues for You en 1972. Es una canción más relajada, más conmovedora, donde Albert casi parece que te está hablando directamente a ti, prometiéndote que su música te va a ayudar a pasar los malos ratos. Es el Albert King más humano y cercano.

Incluso cuando se metió en terrenos más funk con discos como I Wanna Get Funky, no perdió la esencia. Su guitarra, siempre afilada, cortaba a través de los arreglos modernos con una precisión quirúrgica. Aunque algunos puristas prefieren su época más cruda, lo cierto es que King demostró que el blues no es una pieza de museo, sino algo que puede evolucionar y mezclarse con lo que sea sin perder el alma.

Si comparamos a los "Tres Reyes" del blues, la distinción está clara. B.B. King era el embajador, el hombre elegante con un vibrato dulce y una técnica impecable. Freddie King era la energía pura de Texas, con un empuje que conectaba directo con el rock and roll. Pero Albert... Albert era el muro de sonido. Era el más severo, el que te hacía sentir que cada nota pesaba una tonelada. Su influencia en la guitarra eléctrica es incalculable. Sin él, no existiría el sonido de Stevie Ray Vaughan, por ejemplo. Stevie adoraba a Albert, y si ves la famosa sesión que grabaron juntos para la televisión (llamada simplemente In Session), puedes ver el respeto casi reverencial que el joven tejano le tenía al maestro. Albert, por su parte, se portaba como un mentor exigente pero cariñoso, dejando claro quién seguía siendo el jefe en esa habitación.

La huella de Albert King está en todos lados: en los solos de Gary Moore, en los bends infinitos de David Gilmour, en la agresividad de Joe Walsh. Todos ellos aprendieron que una nota bien colocada y bien "sufrida" vale más que toda la velocidad del mundo. Albert nos enseñó que la guitarra puede ser un lenguaje de verdad, una forma de hablar sin usar palabras.

Lamentablemente, Albert nos dejó en diciembre de 1992, en Memphis, debido a un ataque al corazón. Estuvo activo casi hasta el último suspiro, haciendo lo que mejor sabía hacer. Su muerte marcó el final de una era, pero su legado está más vivo que nunca. Cada vez que un chaval coge una guitarra eléctrica y trata de sacar una nota que suene a verdad, que suene a vida y a dolor, Albert King está ahí, echándole un ojo desde algún lugar. Fue, es y será siempre una de las voces fundamentales de la música moderna, el hombre que nos enseñó que para tocar el blues, primero hay que haber vivido de verdad.


Albert King y Stevie Ray Vaughan
Born Under a Bad Sign (1983)


DISCOGRAFÍA(*):

The Big Blues (1963)
Born Under a Bad Sign (1967)
Years Gone By (1969)
Blues for Elvis – King Does the King's Things (1970)
Lovejoy (1971)
I'll Play the Blues for You (1972)
I Wanna Get Funky (1974)
Albert (1976)
Truckload of Lovin' (1976)
King Albert (1977)
The Blues Don't Change (1977)
New Orleans Heat (1978)
Crosscut Saw: Albert King in San Francisco (1983)
I'm in a Phone Booth, Baby (1984)
The Lost Session (1986)
Red House (1991)

FUENTES:

albumstory.org
Wikipedia

FOTOS:

1) Don Paulsen / Michael Ochs Archives / Getty Images
2) Christian Rose / Roger Viollet via Getty Images
3) Clayton Call / Redferns
4) Christian Rose / Roger Viollet via Getty Images

VIDEO:

Youtube (@painkillerbr)

(*) Sólo se muestran los discos de estudio.